Desde que leíste la oferta de empleo, supiste que esa empresa era perfecta para ti y tú eras perfect@ para la empresa.

El día de la entrevista te vestiste para brillar y aunque eres una persona muy segura de sí misma sentiste los nervios del momento. Y es que era el día de tu primera entrevista con la empresa de tus sueños.


Como era de esperar sentiste el flechazo.

Un trabajo cerca de casa, con un paquete retributivo por encima del que le correspondería a tu categoría profesional, además de beneficios sociales,  todo  hacía pensar que esta empresa ERA DIFERENTE. Entre bromas y conversaciones sobre la importancia del compromiso, del buen rollismo dentro de la empresa y del salario emocional que proporcionaban a sus emplead@s algo te decía que erais tal para cual.

Por eso no te resultó difícil rechazar a otras empresas que como esta pretendían contratarte, otras que en principio no eran tan buenas como tu empresa ideal.

Firmaste tu contrato sin leer la letra pequeña porque pensabas que vuestra relación laboral sería un camino de rosas, que seríais felices y comeríais perdices y que vuestro compromiso sería para toda la vida.

¿Felices para siempre?

Ya ha pasado algo de tiempo… ¿sigues tan enamorad@ de tu empresa como el primer día? Cuéntanos tu experiencia.

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